El 12 de octubre de 1936 se celebró en el paraninfo de la Universidad de Salamanca un acto conmemorativo de la llegada de Colón a América. Lo presidía el rector, el escritor y filósofo don Miguel de Unamuno. Allí se congregó una representación de las fuerzas vivas que apoyaron el golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil española: el obispo Enrique Plá y Deniel; Carmen Polo, esposa del dictador; el escritor José María Pemán, uno de los intelectuales orgánicos del fascismo, y el general Millán-Astray, fundador de la Legión, matarife golpista y jefe del Departamento de Prensa y Propaganda franquista. Una nutrida presencia de militares, legionarios y falangistas abarrotaba el paraninfo.
Lo que allí ocurrió ha pasado a la historia como un ejemplo emblemático del enfrentamiento entre la fuerza bruta y la razón ilustrada, entre el despotismo y la libertad de pensamiento. Aunque difícilmente se pueda reconstruir con absoluta literalidad el episodio, lo que se conoce de los hechos y de sus protagonistas permite aceptar como verosímil la versión que ha llegado hasta nosotros, recogida también en la película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra.
Toma la palabra Millán-Astray, que arenga al público con el grito legionario «¡Viva la muerte!» y la consigna «¡España, una, grande y libre!». En su discurso, arremete contra Cataluña y el País Vasco: «Cataluña y el País Vasco son dos cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos».
Unamuno, en su intervención, le responde con serenidad: «Venceréis, pero no convenceréis… porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha».
«¡Muera la inteligencia!», le interrumpe Millán-Astray.
En medio de la tensión, Unamuno abandonó el paraninfo. Le acompañó Carmen Polo. Días después fue destituido como rector y pasó sus últimas semanas prácticamente confinado en su domicilio.
El 31 de diciembre de 1936 murió tras recibir la visita del falangista Bartolomé Aragón, único testigo conocido de sus últimos momentos. Aunque oficialmente se atribuyó su fallecimiento a causas naturales, investigaciones posteriores han cuestionado aquella versión —no se practicó autopsia a su cadáver— y planteado incluso la posibilidad de un asesinato, que a día de hoy no ha podido demostrarse.
En estos tiempos de ofensiva de la ultraderecha, que utiliza las propias libertades democráticas para socavar desde dentro el vínculo consustancial entre la democracia y los derechos humanos, recurriendo impunemente a la desinformación, la difamación y la instrumentalización de la justicia, con el amparo de poderes fácticos conservadores, me permito reformular las palabras de Unamuno: «Ni venceréis ni convenceréis… ni pasaréis».

Franco y Millán-Astray, en una concentración de legionarios

Retrato de Miguel de Unamuno.
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