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JAVIER SEGURA

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ULTRADERECHA Y NEGACIONISMO COLONIAL

10 mayo, 2026 by JAVIER SEGURA Deja un comentario

En su reciente visita a México, interrumpida precipitadamente, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, dispuso de la cobertura brindada por el magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca, y diversos sectores conservadores del país para, en nombre de la llamada “hispanidad”, lanzar un discurso orientado a blanquear la conquista de América, negar el genocidio indígena y reivindicar la figura de Hernán Cortés.

No se trata de un discurso inocente. Se inscribe en el viejo relato del nacionalismo español que define España a partir de una supuesta identidad histórica asentada en el imperio y el catolicismo y, desde esa premisa, proyecta una visión idealizada del dominio colonial en América, en la que los conquistadores se convierten en héroes y la conquista en una empresa civilizadora que se autocelebra en la lengua común, la evangelización, la creación de universidades y el mestizaje. Un relato que en los últimos años ha reaparecido con fuerza en la estrategia de guerra cultural desplegada por las ultraderechas en España y Latinoamérica en torno al significado histórico del 12 de Octubre.

Este relato supone la negación de la conquista de América como lo que realmente fue: un proceso de ocupación de un territorio y sometimiento de sus pobladores por invasores extranjeros movidos por el interés en obtener tierras, metales preciosos y mano de obra, que provocó una hecatombe demográfica por el efecto combinado de las guerras de conquista, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo nativa y la propagación de epidemias letales para millones de indígenas sin defensas biológicas.

En torno a la magnitud de esta hecatombe, existe un amplio consenso historiográfico en señalar que la población indígena de América pasó de alrededor de 60 millones de habitantes antes de la llegada de los europeos a poco más de cinco millones hacia el año 1600, una caída cercana al 90%. En México, desde la conquista encabezada por Hernán Cortés a comienzos del siglo XVI hasta finales de esa centuria, la población indígena pasó de unos doce millones de personas a apenas un millón. En el Caribe, el desplome demográfico fue todavía mayor, alcanzando el 99% de la población autóctona.

Atribuir esta catástrofe exclusivamente a las enfermedades importadas del Viejo Mundo —como hacen los apologetas de la conquista— es una forma de negar la responsabilidad directa de la Monarquía Hispánica y de su proyecto colonial en la destrucción de las sociedades indígenas.

En este contexto de violencia colonial —denunciada ya en el siglo XVI por figuras como Bartolomé de las Casas—, las leyes promulgadas por la Monarquía Hispánica para proteger formalmente a la población indígena, desde las Leyes de Burgos hasta las Leyes Nuevas, fueron incumplidas de manera sistemática; la lengua castellana no actuó únicamente como vehículo de comunicación, sino también como instrumento de dominación política y cultural; la evangelización sirvió para imponer el culto católico a costa de las religiones indígenas; las universidades no surgieron para “civilizar a los indígenas”, sino para formar a las élites coloniales; y el mestizaje estuvo marcado por la servidumbre impuesta a las mujeres indígenas por el régimen colonial.

En definitiva, la conquista de América fue una historia con vencedores y vencidos. El nacionalismo español, del que Isabel Díaz Ayuso ejerce de portavoz, opta por los vencedores al exaltar a conquistadores, colonos, evangelizadores y a la Corona, mientras borra del relato histórico la memoria de los vencidos, indígenas y esclavos africanos, lo que equivale a negarles todo derecho legítimo sobre su presente. La idea de la Hispanidad y la invocación a la misión civilizadora de “España” permiten revestir esta visión sesgada de una dimensión integradora de la que, en esencia, el discurso nacionalista carece. Su objetivo real no es el encuentro entre naciones, sino la legitimación de la agenda neocolonial, con epicentro en la “Madre Patria”.

En conclusión: la historia es una ciencia social cuya principal función es la explicación del funcionamiento de las sociedades en el pasado para comprender el mundo en que vivimos. Para las ultraderechas, sin embargo, constituye el instrumento por antonomasia para reforzar identidades nacionales desde una óptica supremacista. Para ello recurren a la exaltación de un pasado glorioso, con hitos como la conquista de América, con el fin de establecer líneas de continuidad histórica y legitimar posiciones de poder en el presente. A partir de este enfoque, la guerra cultural contra toda lectura crítica del pasado colonial que reivindique la memoria de los vencidos está servida. Frente a esta instrumentalización, no hay mejor antídoto que la “descolonización” del conocimiento, exigida por la ciencia histórica y el compromiso cívico con la fraternidad real entre pueblos y culturas.

Imagen de cabecera: Félix Parra (1845-1919), La matanza de Cholula (1877), óleo sobre tela.”

Publicado en: Actualidad sin velos (política, sociedad. Cultura)

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