La libertad y la igualdad son los fundamentos de toda democracia que aspire verdaderamente a serlo. La libertad es la capacidad de todo ser humano para autodeterminarse sin coacciones externas. La igualdad, por su parte, engloba el conjunto de condiciones materiales y culturales necesarias para que todas las personas puedan ejercer su libertad de forma plena y efectiva. Cuando se elimina de la ecuación la igualdad, como hacen las derechas neoliberales y neofascistas, la libertad se convierte en un coto reservado para quienes pueden pagarla.
Desde las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, la lucha social por la libertad y la igualdad de derechos ha sido inseparable de la reivindicación de la educación pública como un derecho universal, cuya garantía no podía proceder de ningún interés corporativo, sino del Estado como representante de la ciudadanía.
Durante la semana que hoy concluye, el profesorado de la Comunitat Valenciana ha protagonizado una movilización histórica (huelga indefinida, manifestaciones masivas, culminadas el viernes 15 con una marcha multitudinaria en Valencia capital) en favor de la disminución de ratios, la mejora de infraestructuras, el refuerzo de plantillas, la reducción de la burocracia y la recuperación del poder adquisitivo. También en Catalunya el profesorado se ha movilizado en torno a reivindicaciones similares.
Más allá de las reivindicaciones, lo que realmente está en juego en esta movilización es la defensa de una educación pública y de calidad frente a su progresivo desmantelamiento por parte de las derechas neoliberales, que conciben los derechos como oportunidades de negocio.
Defender una educación pública y de calidad frente a las ofensivas privatizadoras forma parte del compromiso cívico con un modelo de convivencia basado en la dignidad, la igualdad de oportunidades, el respeto a la diversidad y el derecho de todas las personas a desarrollar plenamente su libertad. No es solo un asunto del profesorado. Interpela a la sociedad en su conjunto.
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