El vuelo del papagayo era signo de buenos presagios para la comunidad.
Sin embargo, una vez, se topó con un abismo desconocido
y, preso de la curiosidad, se asomó para medir su profundidad.
En el abismo habitaba el olvido, que lo absorvió.
Entonces,
los niños, que eran sus amigos, lloraron,
las lumbres que ardían en las chimeneas se apagaron,
los muros de las casas se agrietaron,
los árboles inclinados sobre los muros se marchitaron
y el viento que vino a peinar los árboles
perdió varias ráfagas,
que viajaron hacia el cielo y lo dejaron blanco.
Entonces, los aldeanos, ante tanta pérdida, se reunieron,
decididos a rescatar la memoria
y convertirla en esperanza.
Su energía bastó para que el papagayo despertara de su letargo,
se librara de las garras del olvido
y renaciera con ímpetu renovado
para restituir a los suyos el paraíso perdido.
Reelaboración a partir de una historia de Eduardo Galeano, muy probablemente inspirada en la sabiduría indígena latinoamericana. Es una parábola sobre el paso de de la desolación al renacimiento y la fuerza de la comunidad, muy apta para ser versionada y narrada en encuentros o recitales de cuentacuentos.

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