Con la entrada del nuevo año, la felicidad ocupa el centro de casi todas las felicitaciones. Aunque en muchos casos la expresión de buenos deseos se practique como una formalidad ritual, dicho gesto revela hasta qué punto la felicidad sigue siendo un valor esencial y compartido por todos nosotros.
El anhelo de felicidad es, desde siempre, uno de los principales motores de la acción y la creatividad humanas. Se trata, sin duda, de un afán personal, que logra su satisfacción en el cumplimiento de los propios deseos y metas; pero también es una aspiración que solo puede alcanzarse plenamente en la esfera colectiva. Así lo comprendieron, a lo largo de la historia, las personas y los movimientos que supieron ver en la injusticia y la opresión los mayores obstáculos para la felicidad social y, por ello, dedicaron su tiempo, su inteligencia y su esfuerzo a combatirlas, situando en el centro de sus luchas la dignidad, la libertad y la igualdad. Sin duda, eran gentes conscientes de que el reconocimiento de los derechos de los colectivos excluidos del orden social beneficia al conjunto de la sociedad.
Hoy vivimos un momento de ascenso global del neofascismo. El neofascismo de hoy, como el fascismo de ayer, es el recurso estratégico que el gran capital saca al ring político y cultural cuando percibe que las demandas de justicia social y bienestar colectivo ponen en cuestión su posición hegemónica en la sociedad. En este contexto, la pretensión del neofascismo actual, como lo fue del fascismo clásico, es preservar las jerarquías de clase, de género, étnicas y de orientación sexual que sostienen la concentración del poder y la riqueza en la cúspide de la pirámide social, camuflándolas bajo una idea excluyente de nación. De ahí que señalen como enemigos a quienes defienden la igualdad de derechos y oportunidades, es decir, los progresistas, así como a los colectivos que podrían beneficiarse de las políticas de igualdad. Y de ahí, también, que tengan en el punto de mira a la institución que mejor encarna la democracia inclusiva: la educación publica.
Por todo ello, en este comienzo del nuevo año 2026, quiero expresar mi deseo de que la conciencia en favor de la felicidad común avance y de que las facultades críticas se activen para poner freno a todos aquellos proyectos de infelicidad social que prometen patria para justificar su guerra contra la igualdad.
Feliz Año a tod@s
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