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JAVIER SEGURA

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VENEZUELA: LA PREPARACIÓN MEDIÁTICA DE LA AGRESIÓN DE TRUMP

17 enero, 2026 by JAVIER SEGURA Deja un comentario

Una intervención militar contra un país soberano siempre viene precedida de un trabajo de preparación para que resulte aceptable ante la opinión pública. De ello se encargan las grandes corporaciones mediáticas internacionales, vinculadas a su vez a los medios locales. Son ellas las que, en nombre de la libertad de prensa, establecen la diferencia entre los “buenos” y “los malos”, siendo los “buenos” aquellos que se someten a la disciplina occidental y los “malos”, los que la desafían. Y es que, integradas en las redes de poder del sistema, su principal función no es garantizar el derecho a la información veraz, sino ejercer de portavoces de los grandes grupos económicos y financieros que están en el puente de mando de la sociedad. Un contexto en el que el periodismo independiente tiene que abrirse paso a trompicones y, a menudo, poniendo en riesgo la profesión.

La agresión imperialista de la Administración Trump contra Venezuela del pasado 3 de enero, que culminó con el secuestro del presidente legítimo del país, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores, no fue un episodio aislado. Fue el colofón de una prolongada guerra sucia impulsada por Estados Unidos y secundada por la ultraderecha venezolana contra el chavismo, en la que las campañas mediáticas de desinformación destinadas a su demonización han desempeñado un papel central.

Durante más de dos décadas, desde el mismo momento en que se puso en marcha la revolución bolivariana bajo la presidencia de Hugo Chávez, los grandes medios occidentales y latinoamericanos pusieron a Venezuela en el punto de mira, transformando lo que debería haber sido una cobertura periodística rigurosa en sistemático fuego ideológico de cobertura. Presentaron al que denominaron “régimen chavista” como una brutal dictadura, denunciaron supuestos fraudes electorales sin fundamento probatorio alguno, difundieron la idea de un narco-Estado que controlaría el tráfico regional de drogas y supondría una amenaza para la seguridad hemisférica, y encumbraron a los dirigentes de una oposición claramente golpista. Al mismo tiempo, silenciaron la imposición de sanciones económicas y financieras contra el país y atribuyeron al “régimen” sus consecuencias —hiperinflación, desabastecimiento de productos básicos y el consiguiente éxodo de miles de venezolanos—. De este modo, la agresión imperialista de la Administración Trump pudo ser presentada como una respuesta razonable y necesaria para restaurar la democracia y liberar al pueblo venezolano.

En esa misma línea discursiva, dichos medios han calificado de manera reiterada como “presos políticos” a los excarcelados recientemente por el nuevo Gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez, omitiendo toda información sobre las acusaciones concretas y el contexto jurídico de las condenas. En otras palabras, intentando instalar en la sociedad la idea de que en Venezuela hay presos políticos como algo incuestionable, lo que refleja ese doble rasero ideológico en virtud del cual los derechos civiles solo importan en función del alineamiento o no de un gobierno con los intereses occidentales. Junto a ello, han ignorado deliberadamente las multitudinarias manifestaciones de apoyo al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores que,a lo largo y ancho del país, han clamado por su liberación.

A pesar de todo, ha sido el propio Trump quien ha terminado por desmontar el relato que ha presidido la ofensiva político-mediática contra el chavismo. Una vez consumado el secuestro del presidente Nicolás Maduro, ha optado por ningunear a la dirigente de la oposición venezolana y reciente Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, como figura llamada a liderar un proceso de transición. Con ello, ha dejado en evidencia la falsedad de la tesis sostenida por el establishment occidental y la oposición, y amplificada por los medios, según la cual Edmundo González, delfín político de Machado, habría ganado las elecciones presidenciales de 2024 con un 70 % de los votos. Paralelamente, el aval implícito otorgado a la número dos del Gobierno de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, como interlocutora válida pone de manifiesto que la Administración Trump es consciente del arraigo social del chavismo en amplios sectores de la población venezolana y de las graves consecuencias que tendría un cambio de régimen abrupto.

En tales circunstancias, no puede afirmarse que el chavismo haya sido derrotado.

A la izquierda, Nicolás Maduro y Cilia Flores llegan secuestrados a Nueva York. A la derecha, manifestación en Caracas exigiendo la libertad de Maduro y Flores.

Publicado en: Actualidad sin velos (política, sociedad. Cultura)

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