
El mundo vive inmerso en un régimen de guerra. En un régimen de guerra la propaganda es un arma más. Lo fue en el pasado y lo sigue siendo en la actualidad.
Con motivo de la guerra en Ucrania, la Unión Europea (junto con el Reino Unido) podría haber optado por la diplomacia para ponerle fin. Sin embargo, prefirió subordinarse a la estrategia bélica de la OTAN, liderada por Washington, y participar abiertamente en la confrontación armada, a sabiendas de que se trataba, y se trata, de una guerra imposible de ganar.
El cambio de paradigma geopolítico impuesto por Trump al llegar a la Casa Blanca, impulsando un proceso de negociaciones directas con el Kremlin, dejó a la UE (junto con el Reino Unido) fuera de juego. Ante la nueva situación, el eje Bruselas-París-Londres, en representación del lobbie militar-industrial europeo, decidió afrontar el golpe apostando por incrementar el gasto militar, que es precisamente lo que Trump exige, y por mantener el apoyo militar a Ucrania, incluyendo el posible envío al país de una “fuerza de paz”, algo que aboca a Europa a un choque sin frenos con Moscú. Con ello, se ha generado una situación que podría tildarse de surrealista: por una parte, Trump, el jefe de la OTAN, y Putin, el jefe del Kremlin, negocian el fin de la guerra; por otra, los gobiernos europeos promueven un rearme que, debido a la dependencia de Europa de las importaciones de armas estadounidenses y de la presencia del capital estadounidense en las corporaciones armamentísticas europeas, especialmente las alemanas y las inglesas, beneficia, en última instancia, al lobbie militar-industrial estadounidense.
Para justificar el plan de rearme, que, tal como anunció el pasado 3 de marzo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, contempla movilizar hasta 800.000 millones de euros –el mayor gasto militar en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial–, las élites belicistas europeas han construido un relato propagandístico, ampliamente difundido por los grandes medios de comunicación, que invoca la necesidad de defenderse frente al supuesto peligro de una invasión rusa de Europa, algo que el lento avance del Ejército ruso en los últimos tres años en Ucrania desmiente por sí solo. Es un relato que responde a la vieja estrategia de la propaganda basada en la agitación del miedo, cuya finalidad es que la gente apoye el gasto en armas y prefiera la seguridad al bienestar. Al fin y al cabo, la seguridad es un negocio, mientras que el bienestar colectivo desafía la concentración de riqueza y poder en pocas manos. Lo del famoso kit de supervivencia recomendado por la Comisión Europea, aunque suene a broma, va en esa dirección.
PD: No nos referimos al miedo como respuesta natural y garantía de supervivencia frente a riesgos reales, sino a su explotación como ingeniería ideológica al servicio de un proyecto de dominación.
Imagen del encabezado, tomada del periódico argentino coolt.com , obra de Elena Cantón
Deja una respuesta