En 1975, la ONU comenzó a conmemorar el 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer, dentro del marco del Año Internacional de la Mujer.

Conferencia Mundial del Decenio de Naciones Unidas para la Mujer en 1980
El origen de la conmemoración no está, sin embargo, en la decisión de la ONU. Sus raíces se encuentran en las movilizaciones y huelgas protagonizadas por mujeres a comienzos del siglo XX en Nueva York en defensa de mejores salarios, condiciones laborales dignas y el derecho al voto, dentro del marco de la creciente participación de las mujeres en el movimiento obrero.

Incendio de fábrica textil en New York en 1911
En 1910, en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas celebrado en Copenhague, la activista y pensadora Clara Zetkin, teniendo en cuenta el ejemplo de las trabajadoras neoyorquinas, propuso establecer un Día Internacional de la Mujer como reconocimiento a todas las mujeres que habían luchado contra la explotación y para reivindicar sus derechos políticos y laborales, especialmente el derecho al voto. Al año siguiente se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer, con más de un millón de participantes en distintos países europeos, como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

Congreso Internacional de Mujeres Socialistas celebrado en Copenhague en 1910
La conmemoración sirvió también de protesta contra la Primera Guerra Mundial. En 1917, las mujeres rusas, reaccionando a las muertes de cientos de miles de soldados rusos en el frente, salieron a las calles en Petrogrado, la actual San Petersburgo, con motivo del Día Internacional de la Mujer (23 de febrero en el calendario juliano, equivalente al 8 de marzo en el calendario gregoriano), bajo el lema «Pan y paz». Esta movilización marcó el inicio de la Revolución de febrero, que puso fin a la autocracia zarista y consolidó el 8 de marzo como el día simbólico del movimiento feminista.

Manifestación en Petrogrado, el 23 de febrero (8 de marzo) contra la guerra.
Las fechas que celebran las luchas de las sociedades humanas por la justicia resultan fundamentales para conservar viva la llama de la memoria.

Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, líderes de la 2ª Internacional, en 1910
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