La agenda neoliberal, espina dorsal del programa político actual de la derecha y la ultraderecha, consiste en privatizar bienes públicos (educación, sanidad, pensiones), devaluar derechos laborales y otorgar beneficios fiscales a las grandes empresas. Es decir, en acumular beneficios por desposesión de la ciudadanía.
“Privatizar, flexibilizar, desregular”, así lo llaman.
El fascismo de ayer y el neofascismo de hoy actúan como herramientas políticas al servicio del gran capital para frenar procesos de transformación social y de democratización real que puedan cuestionar sus privilegios en el statu quo. Para lograrlo, señalan como enemigo político a batir al progresismo, asociándolo de forma fraudulenta con el mal, y buscan chivos expiatorios en colectivos vulnerables como la población inmigrante.
Así de claro.
Ante ello, ¿cuál es la alternativa? Muy sencillo: identificar la democracia con los derechos humanos.

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