En el mundo global en que vivimos, la guerra es también un fenómeno global. Los frentes bélicos pueden estar en Ucrania o en Oriente Medio, pero las dinámicas que se activan repercuten en el conjunto del planeta.
Tras la guerra iniciada el pasado 28 de febrero por Trump y Netanyahu contra Irán, extendida poco después al Líbano, y actualmente focalizada en la situación en el Estrecho de Ormuz —bloqueo, creciente militarización y ataques a la navegación—, el precio del petróleo se ha disparado y el del gas se ha elevado, anticipando un efecto dominó en la electricidad, los alimentos, la vivienda y otros bienes de consumo.
El relato más extendido en los medios de comunicación presenta esta escalada inflacionaria como un efecto mecánico, inevitable, casi “natural” de la guerra. Sin embargo, la realidad es otra: la inflación no responde a un proceso automático. No es el “mercado” en abstracto el que decide el rumbo de la economía. Detrás hay estrategias empresariales y decisiones políticas que aprovechan el contexto bélico para engrosar los márgenes de ganancia de las grandes corporaciones.
La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano no deja de ser una guerra del petróleo más en Oriente Medio. Como en conflictos anteriores, está actuando como un mecanismo de reajuste del mercado para reactivar, mediante importantes subidas del precio del crudo, el negocio energético.
No es ajeno a esta situación el peso de los grandes magnates del petróleo en la política estadounidense, a través de la financiación de los partidos Demócrata y Republicano —especialmente este último— y del uso y abuso de las puertas giratorias.
A la hora de analizar la situación geopolítica mundial, no se puede hacer abstracción del enorme poder de las grandes empresas en nuestras sociedades. Prueba de ello es la facilidad con la que un gobierno puede aprobar, de un día para otro, rebajas fiscales para grandes corporaciones, mientras que las medidas destinadas a gravar sus beneficios en favor del bien común se enfrentan a intensas resistencias. La lucha por una reforma fiscal basada en el principio de que pague más quien más tiene sigue abierta.
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