Hemos iniciado este curso la tertulia literaria en la que participo con la lectura de la novela “Comerás flores”, de la escritora novel Lucía Solla Sobral. Como sabéis quienes la hayáis leído, la novela narra la evolución de una relación de pareja que pasa de un romanticismo inicial a una dinámica de dominio, dependencia y maltrato psicológico. No sé si la intención de la autora ha sido cuestionar el ideal del amor romántico. Sin embargo, este enfoque, que es el que adoptamos como punto de partida en la tertulia, permite entender la historia de sus protagonistas, Jaime y Marina, dentro de un contexto más amplio.
Con «amor romántico» no me refiero al sentimiento amoroso en sí, sino a la cultura afectiva socialmente establecida que impone determinados modelos sobre la manera de sentir y vivir las relaciones de pareja y que se expresa en una serie de mitos:
1) El de las dos medias naranjas, como si cada persona estuviera incompleta hasta encontrar su otra mitad complementaria.
2) El que afirma que el amor todo lo puede, de que basta con amar para superar cualquier conflicto o dificultad.
3) El que considera que el amor exige sacrificios para mantenerlo con vida.
4) El que interpreta los celos, por mucho que están basados en sospechas infundadas, como una muestra de amor en lugar de una expresión de una afectividad posesiva y controladora.
5) El que idealiza los roles complementarios, como el del hombre priotector (El príncipe azul moderno) y el de la mujer que encuentra su felicidad en cuidarlo y satisfacer sus deseos.
En apariencia, todo esto puede parecer muy bonito. Sin embargo, esta cultura, que idealiza el amor desligándolo de la realidad de cómo funcionan los sentimientos humanos, puede tener efectos perversos: el choque entre las expectativas iniciales y la realidad; la confusión entre el amor y otros sentimientos, como la dependencia o el afán de posesión; o la aceptación, por amor, de comportamientos dañinos.
En la tertulia, este enfoque nos ha permitido mantener una conversación muy enriquecedora en la que, a partir de la experiencia de los protagonistas, Jaime y Marina, hemos compartido ideas sobre las trampas del amor romántico; sobre el valor de saber identificar en uno mismo los distintos sentimientos y emociones que intervienen en las relaciones de pareja —deseo, atracción sexual, enamoramiento, amor, celos, dependencia…— para fundamentar, a partir de ese conocimiento, un diálogo emocional fructífero entre ambos; y sobre la importancia que tiene el desarrollo de la autoestima para que las relaciones afectivo-sexuales sean saludables. En otras palabras, toda una sesión de educación afectivo-sexual, tan necesaria, por otra parte, en las escuelas y en la sociedad.
PD. Aunque parezca mentira, los contenidos sobre sexualidad ocupan una buena parte de los programas de Religión católica que se imparten en escuelas e institutos, reproduciendo toda una serie de tabúes morales —sexualidad reducida a la procreación dentro del matrimonio, prácticas sexuales consideradas pecaminosas…— que operan, en la práctica, como un lastre para vivir la sexualidad como lo que por naturaleza es: fuente de salud y bienestar. De ahí la necesidad de que la educación afectivo sexual forme parte integral del currículo académico, como elemento necesario para alcanzar el fin fundamental de la educación: el pleno desarrollo de la personalidad.
atractiva reseña.
Me dan ganas de leer la novela pero, por otra parte, a mi avanzada edad el tema ya me pilla un poco lejos.
en cualquier caso mucha gracias por tu análisis,