En este país de acogida,
empecé siendo una persona en busca de una vida mejor.
Pasado un tiempo, me convertí en el vago que venía a aprovecharse de las «paguitas».
Luego pasé a ser el delincuente que venía a robar impunemente.
Por último, me convertí en un invasor que amenaza con ocupar el territorio y reemplazar a la población.
Al principio, cuando arriesgaba mi vida en el mar, provocaba un sentimiento general de compasión.
Hoy, no son pocos los que celebrarían mi deportación.
No pienso darles ese gusto. Yo siempre he sido el mismo.
Díganme: ¿Qué es lo que ha cambiado?
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