EN HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ
Nací al calor del fuego,
en los cánticos que guardaban la memoria de los antepasados.
Luego, escrita, recitada y cantada por ilustres poetas,
obtuve la consagración celestial.
Pero quien nace del fuego,
se nutre de la tierra,
se expande con el viento
y reposa en las aguas,
no puede renunciar a su origen,
no puede acomodarse
como un simple adorno del espíritu.
Debe bajar de las alturas,
mancharse,
impregnarse de las voces que claman justicia,
alzarse desde las trincheras del bien y de la belleza,
a riesgo de ser acusada de subversiva.
Si mis puertas están abiertas
a la vida interior de quien me invoca,
también lo están para dar luz al tiempo vivido.
Yo no soy si no soy del pueblo que me dio la vida.
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